Todo lo que siempre quiso saber sobre la crisis (pero nunca se atrevió a preguntar)

06/12/2011

Propuesta de nuevo impuesto

Andábanse los hombres de Goldman Sachs, Standard & Poor´s, Price Waterhouse y otros representantes de los grandes bancos centrales en plena cogorza, riéndose a carcajadas con algunos de los impuestos que habían tramado, cuando a uno de ellos le cambió el semblante. Con ojos saltones y sonrisa de pícaro, aseguró a los demás tener en sus manos, por fin, el atraco definitivo. Una nueva tasa que, de aceptarla los ciudadanos, daría la llave para la revolución absoluta; el punto de inflexión para la gran distopía, ese futuro que transformaría al planeta y los seres humanos en un verdadero juego virtual de estrategia.

Cómo aplicarlo, de qué manera utilizar el poder mediático global, convencer a cada persona de su necesidad y viabilidad, iba a ser un proceso de ingeniería que dejaría a la Gripe A, la "crisis" y la Guerra Contra el Terror en puras anécdotas. "¿De qué se trata?", le preguntaron sus colegas mientras invitaban a las chicas a salir de la sala... Cerradas la puertas, se abría el negocio.

"Caballeros, les explico. Para empezar, deberíamos parcelar los barrios por zonas, tal y como hemos venido haciendo con las carreteras, pero a una escala más reducida. En este sentido, tenemos ganado un terreno sobre el que podemos jugar. Ahora mismo, los idiotas pagan por aparcar, por circular en la ciudad y, desde hace no mucho, también lo hacen en la mayoría de autopistas y autovías... Y ya sabemos que no cumplir con esas obligaciones acarrea unas sanciones mucho más caras: ¡la ley es la ley!" - carcajadas-.

"El caso, señores, es que el número de policías ha de aumentar, pues necesitaríamos por lo menos tres parejas de agentes en cada zona. Su función: brear a multas al díscolo, al menos durante los primeros meses desde la aplicación del nuevo impuesto. Se habilitarán unas tarjetas de colores, con números, que les enviaremos al correo, como las de los parkings, pero con más variedad. Cada vecino recibirá dos: una `de compra´, con un listado de los comercios próximos a su domicilio, y la otra, que es la clave, `de tránsito´.

Tanto los supermecados, como las tiendas de chinos, como las peluquerías, lucirán su color en la puerta. De esta manera, los imbéciles sabrán cuál es el establecimiento al que deben acudir si no quieren pagar de más. ¿Por qué digo de más? Naturalmente, para todo este despliegue de nuevas identificaciones necesitaremos engancharles dinero de sus cuentas corrientes."

- ¿Pero de qué impuesto se trata?- preguntaban sus colegas entre raya y copa-. "Permítanme continuar con la exposición, y seguramente lo adivinarán de aquí a unos segundos... Como saben, hemos de convencer, algo sobre lo que también tenemos una particular ventaja. Por un lado, en los informativos aparecerán más noticias de sucesos. Ya no basta con un par de crímenes pasionales o violadores de menores. La crisis, nuestra crisis, ¡ha vuelto cruel a las personas! -carcajadas-. El hombre será un depredador de sus semejantes, y lo veremos en la TV, en la prensa, lo escucharemos en la radio... Esto nos permitirá justificar el aumento de agentes en la calle.

Por otro lado, y además de la seguridad, hablaremos de calidad. Señores: si las carreteras, los jardines, los edificios y las tuberías necesitan un mantenimiento, ¿acaso no padecen las aceras un desgaste semejante? Por supuesto. No es de recibo que personas de cierta edad se vean obligadas a ir sorteando pequeñas grietas. Es una obligación de todos los ciudadanos contribuir para el buen mantenimiento de las avenidas, los paseos, las plazas... Es decir, que necesitamos una tasa específica para las aceras.

¿Qué define el color? Un área  de 100 metros a la redonda desde el domicilio. Y el número, la dirección. Dentro de ese área podemos encontrar las tiendas necesarias para la compra. Y si queremos salir más allá, necesitaremos la de tránsito, que es por la que cada persona pagará, en un principio, digamos... unos 10 € al mes. Poca cosa, no me digan... -risas-.

Si uno no lleva consigo su correspondiente tarjeta de tránsito, se le impondrá una sanción cuyo precio decidirán los ayuntamientos. Al fin y al cabo, no es lo mismo una gran ciudad que un pueblo. Precisamente, serán los agentes asignados a cada zona los encargados de velar por su aplicación. Imagínense a todos los tontos del culo haciendo nuevas cábalas sobre los colores, los números, las multas, la policía, las zonas, los comercios... -risas y más risas-.

¿Y todo por qué? Señores: por pasear. Esto es, en esencia. La cuestión es que tendrán un nuevo motivo por el que sentirse culpables, el DNI pasará a un segundo plano, recaudaremos miles de millones en toda Europa y América y lo más importante: se abrirán las puertas a cualquier cosa que podamos imaginar. Una vez adaptada la mente a un impuesto por salir a la calle, ¿cuál es el nuevo horizonte? La idiotez máxima, la manejabilidad absoluta, borregos tan dóciles que muy pronto se conformarán con trabajar y respirar. Y si alguno quiere tomar demasiado aire... quizá sea el momento de plantearse un nuevo impuesto por emisión excesiva de Co2..."

Risas, aplausos y gran jolgorio.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Impensable de creer hace tan solo unos años, pero ahora lees esto y crees firmemente que puede llegar a pasar.
Somos borregos.
Depertemos ¡¡¡¡

andrea d. dijo...

Si el encargado de comunicar las medidas llora un poquito yo las acepto sin rechistar!

GloMaYol dijo...

La Edad oscura de siglos pasados está ahí, y la gran mayoría de los idioimbéciles (nosotros) no saben verla.

El camino está marcado: Amos, vasallos y esclavos.

La función de cada grupo está clara.

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