Primero fue el verbo, y con este lo aparente. Recita que quiere, representa que puede: ofertas, demandas, paraísos, intercambios...
Luces y sombras de lugares que no existen, bocetos trazados que flotan en el aire, remolino de cuentos, disculpas y arrogancia.
La ficción es la verdad, y la realidad, engaño. No tocas, no hueles, no paladeas. Rumor de los ecos descifrando las letras, dibujos de perfiles sobre transparencias.
El humo que busca impaciente lo alto, encofrado entre nubes de resina y polvo, pinta de nuevo las antiguas efigies que los ojos del muerto revelaron a los vivos.
Futuros variables, dormitorios ajenos, descanso baldío. La imaginación es energía que transforma la materia: primero fue la quimera, y después el verbo.
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